Galería FORMATO COMODO
- 2012
- Teresa Solar Abboud - El llano Múltiple
- 2011
- Lourdes Villagómez - Afán repetitivo
- Enrique Radigales - Log out landscape
- COLECTIVA - Fuera de Formato
- Sally Gutierrez - La habitación del llanto-Sueños remendados
- Paula Rubio Infante - Come mierda
- 2010
- Carrasco & Mateos - Alguien ahí
- Ingrid Buchwald - Reset
- Guillermo Mora - Una pregunta diaria
- COLECTIVA - Sacrificio
- 2009
- Hisae Ikenaga - Sistema métrico, malformaciones.
- Alonso Gíl - Los abandonados
- COLECTIVA - Wall source
- 2008
- Paula Rubio Infante - Bultos
- COLECTIVA - EL Gabinete Checo
- COLECTIVA - Fragmentos y contrastes. Photoespaña 2008
- Hisae Ikenaga - Objetos perdidos
- 2007
- Paula Rubio Infante - Entre pecho y espalda
- Participación en -El Ranchito-Matadero. Guillermo Mora, Enrique Radigales ,Sally y Gabriela Gutierrez
- Exposición de Guillermo Mora."Viaje largo con un extraño". Sao Paulo.
- Participación en la feria de VOLTA .Basel
- Ingrid Buchwald en: Estación Experimental Centro de arte Dos de Mayo..
- Histórico de noticias
Entre pecho y espalda, 2006.
Instalación (Sillón, dos fotografías impresión lamda 130, copia única)
210x220x150 cm
Entre pecho y espalda, 2006.
video
Entre pecho y espalda, 2006.
DV cam color disco1+dis2sound BSO
20"
Entre pecho y espalda, 2006.
Collage,dibujo, 20x30cm
Paula Rubio plantea con incomodidad desde distintas disciplinas, como la pintura, la fotografía y el vídeo una discusión de lo aceptado cotidianamente. Su interés se dirige a exhibir las polaridades del eje que comunica la violencia con la dominación, tanto la impuesta sobre uno mismo, como la exigida y la ejercida sobre los otros en una cadena habitualmente no cuestionada, pero no incontrovertible.
En su exposición Entre pecho y espalda Paula Rubio ha procedido a la muestra de una profusión pictórica de muy diversos formatos y técnicas en las que recurre a la representación de galgos (de una carnalidad y una dicción muy poderosas) junto a fotografías, como las reproducidas de las imágenes desviadas a los medios de comunicación de las torturas practicadas por soldados estadounidenses en la prisión iraquí de Abú Ghraib en 2003. El conjunto se completa con la proyección paralela de dos vídeos. Uno de ellos recoge con un montaje y un sonido (entre el que es reconocible la manipulación de un pasodoble, Suspiros de España) enervantes, imágenes grabadas en una perrera en la que han sido recogidos los galgos que los cazadores abandonan -si no torturan- cuando les son ya inútiles, por ejemplo, en la caza de la liebre.
Los animales se encuentran entonces famélicos, enfermos y algunos muestran señales inequívocas de un tratamiento brutal por parte de sus anteriores amos. El segundo de los vídeos, sin sonido, muestra el proceso por el que unos tapiceros desmontan profesionalmente un sillón orejero de piel en perfecto estado, no para su retapizado, sino obedeciendo a una decisión de la artista. La minuciosidad de los trabajadores desvela la estructura y el relleno que en modo alguno resultan elegantes, pese a la apariencia ostentosa del objeto. La proyección cercana de ambos vídeos conduce al espectador a la incomodidad de imaginar el despellejamiento de los perros, lo que no ocurre en realidad, al igual que en Stachka (La huelga, 1924) de Sergei Eisenstein, no se asiste a la representación de la represión de los rebeldes sino a una yuxtaposición de sus imágenes con una escena de una carnicería animal, una res degollada en un matadero para el consumo humano, aunque ambas secuencias proyectadas consecutivamente se funden mediante una resolución muy efectiva (y no poco discutida) del montaje cinematográfico en la imaginación del espectador para crear un efecto pavoroso.
Por otra parte, el colectivo Equipo Realidad -integrado por los pintores Jordi Ballester y Joan Cardells- activo durante la última década del Franquismo, ya había unido en su serie «Hogar, dulce hogar» (1972-1973) en una misma representación pictórica los dos elementos de los que se ha servido Paula Rubio, el sillón y el perro, en su doble vídeo, como un modo de mostrar de un modo ácido y molesto visualmente dos distintivos que han servido para identificar a la burguesía. Si en la obra de Equipo Realidad esta composición servía como una ilustración de la quiebra social de la España franquista, en la que desaparecía todo elemento humano como algo siniestro, en la obra de Paula Rubio, esta unión, que nunca es real, sino sólo apuntada, remite de modo más directo a la violencia. Finalmente, la destrucción de Paula Rubio no está acompañada por la instauración de un nuevo orden, pero la acción no está exenta de un simbolismo casi fetichista.